Justicia y Paz es un escenario de impunidad

El defensor de derechos humanos Alirio Uribe Muñoz del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo habla sobre las dificultades que enfrenta la ley de Justicia y Paz.

– Para un abogado como tu, que lleva muchos años representando víctimas frente a la justicia ordinaria, cómo ha sido la experiencia de asistir a las versiones libres de los ex-comandantes paramilitares dentro del marco de la Ley 975 y acompañar a familiares que han visto sus derechos violados por estos “versionados”?

 – La experiencia del Colectivo de Abogados es bastante frustrante. Por un lado ha habido limitaciones para que todas las víctimas ingresen a las audiencias. Para ingresar a ciertas audiencias han tenido que pasar por manifestaciones de apoyo que han organizado los paramilitares con pancartas, y en algunos casos hasta personas armadas se han visto entre los manifestantes. Son marchas montadas por los victimarios, pagadas por ellos. Las víctimas, por su lado, no tienen recursos. No tienen información de cómo funciona Justicia y Paz.  Muchas víctimas han sido amenazadas, y se dice que han asesinado a por lo menos 17 víctimas de las que han tratado de participar en el proceso.

En las audiencias, la participación de las víctimas es bastante precaria. Están en una sala de audiencia separada a la sala de la versión. Las víctimas se limitan a llenar unos cuestionarios para plantear sus preguntas. Es muy complicado que ellos vean, por ejemplo, que a uno de estos comandantes paramilitares se les pregunta en dos horas por docientos desaparecidos. Entonces, da solamente nombre, lugar, la fecha cuando occurrió. Y con esa metodología, es casi imposible que los paramilitares puedan dar cuenta de los crímenes cometidos. Por otro lado, muchas víctimas han vuelto a ser ofendidas dentro del marco de las audiencias. Por ejemplo, una señora que pregunta por su hija desaparecida, y Jorge 40 dice que de pronto su hija se voló con un comandante. O cuando dicen que las víctimas las asesinaron porque eran guerrilleros o delincuentes.  Es decir, que no solamente no aceptan la responsabilidad sobre los crímenes, sino que terminan denigrando de la memoria de las personas que fueron victimizadas, lo cual se vuelve una segunda agresión. La tendencia en las audiencias es que no reconocen los crímenes, y cuando mencionan personas responsables, son excomandantes, policías o militares que están muertos, o personas que están condenadas.

– Podrías decir un poco más sobre los riesgos que enfrentan las víctimas y sus abogados al asistir a las audiencias? 

– Ha habido víctimas que previamente a las audiencias o con posterioridad a las audiencias han recibido llamadas, o las han abordado personas sospechosas, y les han dicho que no vayan a las audiencias de Justicia y Paz, o les han dicho que si van a las audiencias les va a pasar lo mismo que les pasó a sus familiares. Por el lado de los abogados, solo hemos tenido conocimiento de un abogado en Barranquilla que recibió amenazas, pero obviamente ir a enfrentar estos comandantes genera un riesgo.

– En tu modo de ver, qué debería de hacer el Estado para garantizar la participación de las víctimas en estas audiencias, y en todo el proceso para conseguir verdad, justicia y reparación para las víctimas?

– Aquí en Colombia decimos que árbol que nace torcido se queda chueco para toda la vida. Este proceso ha sido chueco todo el tiempo, por eso es es muy difícil decir cuáles serían las recomendaciones para las víctimas. Lo primero que debería de haber hecho el gobierno es haber hecho públicos los listados, con tal de que la gente pudiera ver los rostros, los nombres y alias y decir: “tales y tales participaron en tales y tales crímenes”.

Por otro lado, las víctimas no han tenido una asesoría jurídica adecuada, porque no hay abogados para eso. El Colectivo de Abogados asiste a las audiencias sobre los procesos que llevan, pero no tiene capacidad para recibir poderes de todas las víctimas. Las victimas no tienen ningún acompañamiento psicosocial. Una víctima que acude a una audiencia con toda la esperanza de encontrar un familiar desaparecido, debería de tener una asistencia psicosocial que permitiera mayor seguridad emocional. No se les garantiza ninguna protección. Nosotros intuimos que las listas de los que han participado en las audiencias han llegado a los paramilitares. Si no, tu cómo explicas que familiares que han ido a las audiencias en el caso de Jorge 40 hayan sido amenazadas en Ibagué, en Bogotá, en Bucaramanga, etcetera?

No hay una programación de las audiencias, y las víctimas nunca saben cuándo se va a tratar el caso de su familiar. Eso significa que tendrían que estar asistiendo a X cantidad de audiencias para mirar en qué audiencia se va a hablar de su ser querido, sin tener recursos para ello.

– Y qué propondría CCAJAR?

– Lo contrario: Que haya programas de protección, que las víctimas tengan programas de asistencia psicosocial, que tengan programas juridicos de información, que se les garanticen recursos para ir a las audiencias, que las audiencias tengan una programación que les permita saber en qué momento se vayan a hablar sobre cuál caso. Pero insisto, eso no va a arreglar el proceso de Justicia y Paz, que tiene un problema estructural de impunidad. Hay que cambiar la ley, y que hay que cumplir con la sentencia de la Corte Suprema de Justicia en el sentido de que los paramilitares no son delincuentes políticos. Habría la necesidad de volver a procesar a todos los paramilitares desmovilizados, por el concepto para delincuir agravado. Pero eso no se va a resolver dándoles mecanismos de participación a las víctimas. Eso se resolvería modificando todo el marco legal, que fue expedido con el ánimo de que no hubiese verdad ni justicia ni reparación.

– Y ustedes qué van a proponer en ese sentido?

– Nosotros hemos propuesto todo el tiempo, hemos hecho denuncias, hemos hecho informes.  Nos hemos reunido con el director de Justicia y Paz, con el Fiscal General, con la dirección de Derechos Humanos, con los directores regionales de Justicia y Paz, para mirar cómo hacemos para que ésta situación mejore, pero insisto, las bases del proceso están mal hechas, entonces es muy difícil enderezar el edificio cambiando una ventana…

– Sienten que se ha logrado algo con este proceso en términos de verdad?

– En Justicia y Paz es muy poca la verdad que ha salido. La verdad ha salido más bien en los procesos paralelos a Justicia y Paz. Por ejemplo, lo que ha pasado en la Corte Suprema de Justicia sobre la parapolítica. Eso es un proceso histórico, pero ojo, eso ha salido porque la Corte Suprema ha tenido la voluntad de investigar. En Justicia y Paz sólamente han entregado 5 cuerpos. Los 800 que han aparecido han aparecido por fuera del proceso de Justicia y Paz. Recordemos que ya han asesinado más de mil desmovilizados. Entonces, muchos, para comprar seguridad, han empezado a contar cosas, pero eso ha sido paralelo al proceso de Justicia y Paz. Otra cosa importante ha sido todo lo que ha salido en los medios de comunicación de medio octubre a hoy. En algunas audiencias ha habido alguna verdad, y nosotros estamos esperando que se absuelvan por parte de los desmovilizados todos los cuestionarios que hemos aportado a la Fiscalía para que allí ellos dén respuestas a muchos interrogantes que tenemos.

– Cuantos casos son?             

– Nosotros podemos estar representando unos 200 casos en el Colectivo de Abogados.

– Más allá de las audiencias, cuáles son los escenarios donde las víctimas y sus defensores puedan generar procesos?

– Yo creo que lo más estructural es la creación del Movimiento de Víctimas y la organización de las víctimas, de las madres, de los hijos, de los familiares de los desaparecidos… Y ese movimiento, pues, tiene que jugar en todos los escenarios: Ante las fiscalías, ante los juzgados, ante la corte suprema, ante la corte constitucional, ante el gobierno. Pero el escenario de Justicia y Paz es un escenario de impunidad por excelencia.  Deben jugar en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, La Corte Interamericana, la Corte Penal, Naciones Unidas… Ahí hay unos escenarios. Lo que nosotros vemos es que van a haber más leyes de impunidad. De hecho, el gobierno, lo que está haciendo ahoritica para salirle al paso a la Corte Suprema de Justicia es generando unas nuevas leyes de impunidad.

– Cuál debería ser el papel de la comunidad internacional en este contexto?

– Nosotros siempre dijimos que la comunidad internacional no debería apoyar el proceso de desmovilización paramilitar, porque era una farsa. Hoy hay unos 70 grupos paramilitares activos en 23 departamentos, y los paramilitares estuvieron, están y estarán a futuro apoyados por la policía, por el ejército, por el DAS, por políticos, por parlamentarios… Yo pienso que la comunidad internacional ya tendría suficientes pruebas para entender que es un proceso espurio. Y tendía que volver a exigirse que el estado desmonte esos grupos. Tendría que condicionar toda su cooperación a que se cumplan los requisitos en la Ley de Justicia y Paz de verdad, de justicia y de reparación, de devolución de desaparecidos, de devolución de tierras para los desplazados, de que estos grupos no sigan interfiriendo en política. Y la cooperación debe destinarse, insisto, para las víctimas y no para los victimarios.

– Por último, qué es lo que te motiva a ti a trabajar a pesar de todas estas dificultades?

– Lo que siempre me ha motivado son las víctimas, los movimientos sociales y todo el proceso de resistencia que hay en Colombia. Los indígenas, los campesinos, los estudiantes, los sindicalistas, los líderes políticos de oposición, toda esa gente que no renuncia a soñar con un país en paz, con un país en el que se respeten los Derechos Humanos, con un país en el que haya mayor equidad. Todo eso es lo que me motiva realmente para continuar en este trabajo, con todas las dificultades e incomprensiones que hayan, y además con todas esas frustraciones que uno tiene en el trabajo, cuando la impunidad a veces se vuelve un muro impenetrable y se nos imponen las mentiras como verdades. A pesar de todo eso, hay que seguir apoyando esa necesidad de verdad y justicia que tiene la gente, y esa necesidad una sociedad mejor para la mayoría de la gente, que quiere que este país cambie.


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Om Kristina Johansen

Frilansskribent, sosialantropolog og forfatter av boka "Frykten har et ansikt". Periodista independiente y antropóloga social. Autora del libro "Frykten har et ansikt" (El miedo tiene un rostro). Freelance writer and social anthropologist. Author of the book "Frykten har et ansikt" (Fear has a face).
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