La batalla cotidiana en Casanare

Niño de comunidad u’wa en el Casanare (foto: Kristina Johansen)

La Fiscalía está investigando 74 casos de ‘falsos positivos’ en Casanare. Después de cuatro años, y en medio de mucho miedo, la familia Avendaño Mora sigue buscando la verdad sobre la muerte de sus dos hijos.

La tarde que viajamos en buseta de Yopal hacia Paz de Ariporo, nos acompaña la emisora de la Brigada 16 con su joropo. El interlocutor nos anuncia que los jóvenes que sepan tocar los tradicionales instrumentos llaneros están particularmente bienvenidos a pagar su servicio militar en Mocoa (Putumayo). El gran día del reclutamiento es el martes siguiente. Por la carretera hay retenes militares y letreros que nos recuerdan que “Su Ejército está en la vía”. Un poco más al norte, en el municipio de Sácama, el Frente 28 de las Farc ha dejado unos grafitis en una casa azul donde jura “vencer”. En esta región en el norte de Casanare, la guerrilla y la Fuerza Pública todavía se disputan el territorio. En medio del fuego cruzado se encuentra la población civil, presionada por los actores armados.

Al acercarnos a Sácama, la Brigada 16 advierte que hay combates cerca. Lo único que encontramos, sin embargo, es la batalla diaria de don Jorge Avendaño y doña Guillermina Mora por seguir adelante después de la muerte de sus hijos. Criar los marranitos recién nacidos, los pollitos y las mojarras y cachamas que tienen en unos pozos en el patio. Al llegar a su pequeña casa a la orilla de la carretera, doña Guillermina comienza a prepararnos un delicioso sancocho de gallina. Como para ahuyentar un poco el dolor, la angustia y la nostalgia, prende la radio y la cocina se llena de un vallenato de los Diablitos.

Como dice la canción, “los caminos de la vida son muy difícil de andarlos”. El 16 de abril de 2007, los hijos de estos campesinos, Rubén Darío (14) y Luis Guillermo (25), fueron a Paz de Ariporo a comprar ganado. Nunca regresaron a casa. Iban por la carretera que lleva a Hato Corozal cuando fueron sacados del bus por las alturas de Las Tapias, según una anciana de trenzas grises que iba en el mismo vehículo. Dos días después aparecieron muertos y fueron reportados como guerrilleros del Frente 28 de las Farc dados de baja en combate. El mayor Gustavo Enrique Soto Bracamonte, ex comandante del Gaula en Casanare, está siendo investigado por la planeación y la ejecución del asesinato de los jóvenes.

Nosotros, lo que buscamos, es que que sepa la verdad. Que no se diga lo que no es, afirma Jorge Avendaño.

Hijo menor de don Jorge y doña Guillermina en 2007 (foto: Kristina Johansen)

Conocí a la familia tres meses después de los hechos. Me acuerdo de la mirada grave que se repetía en los dos hermanos menores. Íbamos de camino al pueblo de Sácama cuando pasamos cerca de unos soldados que patrullaban por la carretera. Los chicos no dejaron de mirarlos hasta que la buseta cogió una curva y los perdimos de vista. El menor estaba sentado en las piernas del papá, quien lo abrazaba. Me contó que no los dejaban ir solos, después de lo que había pasado. Sentían mucho miedo y ese miedo todavía sigue ahí, después de cuatro años. Jorge casi no se atreve a ir a su finca a trabajar.

Uno teme, porque tener nosotros una demanda contra el Estado no es cualquier cosa. Me imagino que todos los miembros del Ejército que conozcan el caso lo miran mal a uno, porque eso de querer esclarecer la verdad creo que a ellos no les va a convenir. Ellos, según las leyes del Estado y los compromisos que tiene Colombia, tienen que proteger al pueblo campesino, a la sociedad, a su gente. Y resulta de que no ha sido protegiéndonos, sino acabándonos. No solamente con nuestra dignidad, sino con la vida de seres humanos, con gente inocente, con los hijos nuestros. Entonces uno siempre teme encontrarse con ellos.

El 11 de diciembre de 2010, Jorge iba en una moto con un compañero de trabajo a comprar ganado. Llevaba varios millones de pesos que pertenecían a su patrón y había dejado su cédula en casa. Unos soldados de la Brigada 16 los detuvieron en el camino. Les pareció sospechoso que no llevaban documentos y que cargaban tanto dinero. Procedieron a quitarles la plata y acusarles de tener nexos con la guerrilla. Separaron a los dos hombres, y dijeron a Jorge que el otro ya se había entregado y que mejor se entregara él también.

– Y yo le respondía por qué me tenía que entregar, si yo no debía nada, no tenia qué temer.

Don Jorge en un momento pensativo (foto: Kristina Johansen)

La experiencia de la familia Avendaño Mora no es única. La Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía General de la Nación tiene 74 casos asignados de homicidios atribuidos a la Fuerza Pública en Casanare, afirma Hernando Castañeda, director de la Unidad. A nivel nacional se está investigando 1.571 casos actualmente, los cuales involucran 2.679 víctimas. Además de los 74 casos mencionados, hay unos que se encuentran en la Fiscalía seccional de Villavicencio y otros en la Justicia Penal Militar.

El miedo que ronda este fenómeno no toca únicamente a los familiares. En Yopal me encuentro con un representante de la iglesia católica que me habla de la gran cantidad de muertos que ha tenido que enterrar. Sobre las matanzas entre los dos grupos paramilitares que operaron en la zona bajo el mando de Héctor Buitrago alias ‘Martin Llanos’ y Miguel Arroyave alias ‘Arcángel’, dice que oficialmente no se comunicó nada sobre estas muertes. Habla de los secuestrados de la guerrilla en el piedemonte llanero y de las personas que terminaron asesinados porque no pagaron rescate. En Monterrey, me asegura, prácticamente cada familia tiene un muerto o un desaparecido por los paramilitares.

– La gente no habla, pero se sabe que muchas cosas que pasaron fueron propiciadas por la Fuerza Pública, agrega. Le pregunto si han publicado algo sobre el tema. Me responde que no existen garantías de seguridad para ello. – Si uno habla, lo matan.

Fabián Laverde acompañado por Brigadas Internacionales de Paz (foto: Kristina Johansen)

En medio de este clima de inseguridad, hay quienes se han atrevido a registrar casos de violaciones a los derechos humanos en esta región. Fabián Laverde de la Corporación Social para la Asesoría y Capacitación Comunitaria (Cos-pacc) lleva casi 10 años recorriendo las zonas más aisladas y conflictivas de Casanare para escuchar a los campesinos y asesorarlos en sus derechos. Le gusta quedarse en las casas de la gente para estar más cerca de su realidad y ojalá ayudar a matar una gallina para un sancocho cuando se presenta la oportunidad. Así se tejen confianzas, amistades y compromisos. Cos-pacc – una ONG que surge después del exterminio de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) – ha documentado una serie de desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y desplazamientos en el departamento.

Casanare es uno de los departamentos con el mayor número de desaparecidos de los últimos 20 años, asegura Fabián Laverde. – Por esa misma época se crea la Brigada 16, siendo esta uno de los principales responsables de las ejecuciones extrajudiciales, como de los falsos positivos, en el país.

En un informeelaborado por la Cos-pacc y el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), se han documentado unos 150 casos, de aproximadamente 300 víctimas. Muchos de estos casos tienen las características de ‘falsos positivos’. Según la investigación realizada por las ONG, las violaciones sistemáticas a los derechos humanos en Casanare empiezan en los años 90 con el boom petrolero y la llegada de empresas multinacionales como British Petroleum Company, cuestionada por sus estrechos lazos con el Ejército. Primero hubo un periodo de seguimientos, señalamientos y asesinatos de líderes campesinos y comunales. Posteriormente es utilizada la práctica de la desaparición forzada. Unas 1.500 personas fueron reportadas como desaparecidas durante el período 1986 – 2007 en Casanare. Sin embargo, Fabián Laverde afirma que muchos casos no fueron denunciados.

Casanare entra al control paramilitar en medio de la sobre militarización por parte del Ejército Nacional, la Policía Nacional y organismos de inteligencia del Estado. Tenemos testimonios en donde, cuando desaparecían alguna persona, sus familiares iban a colocar la denuncia ante la Policía Nacional o ante el personero municipal o ante cualquier tipo de instancia creada para ello y, posteriormente, la próxima víctima eran los que habían denunciado. De tal manera que también se creó una cultura de silencio.

Rubén Darío Avendaño Mora de Sácama no es el único menor de edad que aparece en el informe. Integrantes de la Brigada 16 son investigados por varios casos parecidos de la misma época. El 30 de marzo de 2007, dos semanas antes de la muerte de los dos hermanos de Sácama, fueron presentados como subversivos dados de baja en combate los dos hermanos Yefer y Gustavo Mora Sanabria de 20 y 15 años. 14 días antes, el 16 de marzo de 2007, el joven campesino Roque Julio Torres Torres, de 16 años, fue presentando como guerrillero dado de baja en combate junto con su padre, Daniel Torres Arciniegas. Roque Julio había sido testigo de otros dos casos de ejecuciones extrajudiciales en octubre del 2006, según el informe de Cos-pacc y Cinep.

Crl. Forero, comandante de la Brigada 16 (foto: Kristina Johansen)

El coronel Rafael Forero Gómez, comandante de la Brigada 16, prefiere llamarlos “muertos en combate que nos han cuestionado”, hasta que las investigaciones judiciales demuestren lo contrario. Cuando converso con él en su amplia oficina en Yopal, el hombre agarra mi grabadora con toda la autoridad que caracteriza a un alto mando del Ejército colombiano. Al parecer quiere convertir la entrevista en un dictado. Explica que unos 70 soldados de la Brigada 16 han sido privados de libertad, de los cuales 12 han salido libres. El coronel está preocupado por la situación de los que siguen presos sin que se les haya determinado su situación jurídica. Por otra parte, desaprueba que tantos casos hayan sido trasladados de la Justicia Penal Militar a la Justicia Ordinaria.

Se está congestionando toda la Fiscalía de Derechos Humanos con una cantidad de procesos que no sabemos por qué salieron de la Justicia Penal Militar. Sería bueno investigar a los jueces que entregaron esos procesos sin tener nada concreto.

Le comento que en varios de los casos que trasladaron hubo cosas que llamaron la atención, como el hecho de que hubo menores de edad entre las victimas. El comandante me interrumpe y responde, indignado:

Es que aquí, casi la mayoría de los bandidos que capturamos son menores de edad.  Y nos toca dejarlos libres. No quiere decir que por ser menores de edad, no son guerrilleros. La guerrilla, desde los doce, trece años los tiene en la fila.  Entonces eso no tiene nada.

Al preguntarle al coronel Forero por la inseguridad y desconfianza que sienten familiares de las víctimas, contesta que todas las condiciones están dadas para que la gente pueda vivir tranquila en Casanare.

No sé de qué miedo hablan, si aquí no hay muertos en este departamento. En lo que va corrido el año, llevamos 12 o 15 muertos. Si usted mira la estadística de los 15, 10 son muertes pasionales o de riñas callejeras.

La carretera entre Sácama y Hato Corozal (foto: Kristina Johansen)

A pesar de las garantías de las que habla el comandante de la Brigada 16, en la región se producen situaciones como la de la detención arbitraria de Jorge Avendaño en la carretera de Sácama. Aunque al principio estuvo incomunicado de su familia y del abogado, finalmente pudo intervenir este último y Jorge recuperó su libertad. Estas experiencias no sólo contribuyen a mantener la sensación de desprotección e injusticia, sino que reviven los hechos dolorosos.

A los Avendaño Mora les ha costado mucho trabajo rehacer su vida. Ahora esta pareja campesina le apuesta a la paciencia, a trabajar juntos, apoyarse mutuamente y velar por los hijos que siguen con vida. Como dice Jorge Avendaño, ellos son lo más importante que tienen, y por ellos se sacrifican. Procuran guiarlos por el buen camino, enseñarles a respetar a los mayores y los niños, y garantizarles una educación que les permita tener una vida diferente. Y, sobre todo, protegerlos, para que nunca les vaya a suceder lo que les pasó a sus hermanos. La memoria de Rubén Dario y Luis Guillermo acompaña la familia todos los días, confiesa doña Guillermina:

Todos los días me parece como si fueran a llegar.

Doña Guillermina está preparando sancocho (foto: Kristina Johansen)

Este reportaje fue publicado en La silla vacía bajo el título La batalla cotidiana en Casanare por la verdad de los falsos positivos

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Om Kristina Johansen

Frilansskribent, sosialantropolog og forfatter av boka "Frykten har et ansikt". Periodista independiente y antropóloga social. Autora del libro "Frykten har et ansikt" (El miedo tiene un rostro). Freelance writer and social anthropologist. Author of the book "Frykten har et ansikt" (Fear has a face).
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2 svar til La batalla cotidiana en Casanare

  1. Helene sier:

    Hei Kristina!! Så enormt flotte bilder du tar Kristina! De forteller så mye og varmt om det du ser 🙂 Håper du har det BRA og ser frem til neste anledning jeg har gleden av å treffe deg igjen!
    (Sa du noe om august…?) Mange .gode klemmer fra Helene ***

  2. Tusen takk, Helene! Så kjekt at du har tatt en titt på reportasjen, selv om den er på spansk ;o) Her går det fint. Skulle gjerne tatt en tur hjem nå i juli, men må fullføre første utkast av boka først, så det blir nok ikke før utpå høsten en gang. Stor klem

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