Uribe y las víctimas después del plebiscito

14 AÑOS DE LA MASACRE DE BOJAYÁ

Niños en una conmemoración en Bojayá.

A mí me quedan claras dos cosas después del plebiscito en Colombia: No se les ha dado el espacio merecido a las víctimas, y se ha subestimado la capacidad que tiene el expresidente Uribe de manipular los sentimientos de la gente.

 

Me rompe el corazón que haya ganado el no en Colombia cuando pienso en las víctimas de esta guerra tan brutal e inhumana que han superado sus miedos y rencores y han demostrado su voluntad de paz. Pienso en los sobrevivientes de la masacre de Bojayá, Chocó, donde las FARC lanzaron una cilindro bomba que mató a 79 personas en una iglesia. A pesar del inmenso dolor y sufrimiento que la masacre les causó, han aceptado el pedido de perdón por parte de la guerrilla. Este domingo 2 de octubre el 96 por ciento de sus habitantes votaron a favor del «Si» en el plebiscito sobre el proceso de paz entre el Gobierno colombiano y las guerrillas de FARC. Después se sintieron decepcioncados:

– Sentimos que el país urbano no comprendió la realidad y la necesidad de terminar este conflicto. Era una oportunidad grandísima que teníamos y se desaprovechó, dijo Leyner Palacios, líder de las víctimas de la masacre de Bojayá. 

Ellos – y los otros 8 milliones de víctimas y sobrevivientes del conflicto colombiano – merecen vivir en un país en paz, donde la violencia no se repita nunca jamás, donde se sepa la verdad sobre los crímenes que han sufrido y donde los que hayan sido desplazados puedan volver a sus casas.

Fue definitivo el liderazgo del ex presidente Álvaro Uribe Vélez para que un 50.21 por ciento de los colombianos votaran en contra del acuerdo del acuerdo de paz firmado por el Gobierno de Santos y las FARC. Cómo se logró? Ganó el miedo, el dolor y el corazón ofendido de las víctimas? A primera vista pareciera que si, pero si uno mira las regiones más golpeadas por el conflicto, como Bojayá o como Turibío, Cauca, hubo un amplio respaldo del acuerdo de paz. Esto significa que muchas víctimas votaron por el «Sí».

 

Yanette Bautista, quien estuvo en la primera delegación de víctimas que viajó a Cuba para encontrarse con el Gobierno y las FARC, me contó poco después cómo ella y otras víctimas de distintos actores del conflicto habían logrado superar la polarización y descubrir que estaban unidas por el dolor de la pérdida de sus seres queridos, pero también unidas en su búsqueda de una paz sin impunidad.

Ella resaltó que las personas que habían sentido el conflicto en carne propia podrían jugar un papel fundamental a la hora de reducir la polarización y ser una especie de puente entre La Habana y la sociedad colombiana, que en gran medida parecía desconectada de lo que se estaba negociando en Cuba. Por eso quería recorrer el país, socializar sus experiencias, compartir sus propuestas y promover el sí al acuerdo de paz.

– La población en general está muy escéptica, constató Bautista. – Hay que tener en cuenta que hubo seis millones de votos que se podrían interpretar en contra de la paz en las recientes elecciones. Y esos seis millones hay que enamorarlos, hay que conquistarlos para la paz.

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Yanette Bautista de la Fundación Nydia Erika Bautista.

En mi opinión, faltó darles el espacio merecido a las víctimas en este proceso. Si bien hubo un reconocimiento innegable de sus derechos, no tuvieron el protagonismo que podrían haber tenido. Si hay alguien que tiene legitimidad para hablar de una propuesta de justicia transicional, son las víctimas del conflicto armado en Colombia. Sin embargo, los principales protagonistas del proceso de paz – las FARC y el presidente Santos – enfrentaron un importante rechazo en la población.

Sin duda, también hay víctimas que han votado en contra del acuerdo el domingo pasado. Para algunos ha sido difícil aceptar que guerrilleros responsables de secuestros, asesinatos y otras atrocidades no iban a la pagar un sólo día de cárcel, sino que iban a tener la oportunidad de participar en política.

Hay muchas razones para exigirles verdad, justicia y reparación de los integrantes de las FARC. Ellos, al igual que los otros actores del conflicto armado – Estado y paramilitares – son todos responsables y tienen que responder frente a las víctimas. Sin embargo, justicia no es sinónimo de cárcel. La justicia transicional es justamente un mecanismo para encontrar un punto medio entre la necesidad de paz y la necesidad de justicia. Un acuerdo de paz es, por definición, una solución intermedia hecha entre enemigos. En estos temas faltó mucha pedagogía. Faltó involucrar a la gente en el proceso de paz. Y faltó hacer pedagogía sobre la necesidad de inclusión social y política en un país tan desigual como Colombia.

Aún así, comparado a otros procesos de paz en el mundo, donde los enemigos simplemente se han dado la mano y han repartido el poder entre sí, en este proceso se ha reconocido los derechos de las víctimas y ha tenido la ambición de realizar transformaciones en el campo colombiano. Faltaba ver si los desplazados realmente lograran retornar a sus tierras y a las víctimas pudieran conocer la verdad sobre las atrocidades que han sufrido, pero era un buen inicio.

Ahora bien, aceptar un modelo de justicia transicional requiere de mucha madurez. El plebiscito de este domingo dejó claro que no todos los colombianos han alcanzado la madurez de los pobladores de Bojayá o de defensores de derechos humanos como Yanette Bautista.

Es comprensible que después de 52 años de guerra haya mucha rabia, miedo, rencor, desconfianza y polarización en Colombia. Y no sólo entre las víctimas: Tal vez estos sentimientos predominan más entre los que no vivieron el conflicto en carne propia? Como me dijo Paula Gavíria, ex directora de la Unidad de Víctimas,cuando conversamos en La Habana en septiembre del 2014,  las víctimas tienen un mayor compromiso con la paz que el resto de la sociedad colombiana.

– [En las víctimas] encuentro un profundo compromiso con la paz, condicionado a tener un poco más de verdad. Siento también una capacidad enorme de ellas para perdondar, para avanzar – mucho más alta que la de las personas no víctimas. Hay mucha más humanidad en las víctimas que en los que no somos víctimas. Hay una capacidad de salir adelante, una capacidad de ver la vida, de transformar ese dolor… y por eso también yo creo profundamente que una vez se firme la terminación del conflicto, la construcción de la paz tiene que hacerse con las víctimas. Las víctimas son las que nos pueden orientar al resto de la sociedad colombiana sobre cómo abordar ese dolor, sobre cómo resignificar ese pasado. Son ellas, porque ya lo hicieron! Somos los demás los que no lo hemos hecho, dijo Gaviria.

El problema surge cuando los sentimientos dolorosos no son procesados adecuadamente, sino que son manipulados por políticos poderosos, como el ex presidente Álvaro Uribe Vélez.

Eso lo pudimos observar durante sus ocho años en la casa de Nariño: El miedo a la violencia, pero también el miedo al que piensa diferente y al que lucha por transformaciones sociales, fue canalizado habilmente en pro de un proyecto político que llevó el nombre engañoso de la «Seguridad Democrática», y que se tradujo en una estrategia militarista en contra de la guerrilla y en contra de todo aquel que fuera visto como enemigo.

Hay que reconocer que la estrategia militar de Uribe acertó en debilitar a la guerrilla y frenar los secuestros y los ataques terroristas. Para muchos representó una esperanza y un alivio. Sin embargo, tuvo unos costos enormes para otros: Miles de colombianos inocentes fueron asesinados y presentados como muertos en combate, utilizados para celebrar los avances de la Fuerza Pública en la lucha contra el terrorismo. El aparato de inteligencia en Colombia, el DAS, fue puesto al servicio de los paramilitares y utilizado para perseguir, intimidar, estigmatizar, difamar y asesinar a sindicalistas, lideres sociales y de oposición, defensores de derechos humanos, periodistas y jueces.

Por esta razón, Uribe no sólo se ha resistido al proceso de paz por razones políticas. Tiene un interés personal en impedir que todo lo que haya sucedido durante su tiempo como gobernador de Antioquia y presidente de la República salga a la luz pública. Además representa unos intereses económicos muy fuertes que se oponen a transformaciones sociales en el campo colombiano.

La política de Uribe también tuvo un enorme impacto en cómo los colombianos entienden su propia realidad. Uribe fue muy ágil en convencer a sus seguidores de que no había ningún conflicto armado en Colombia, y por lo tanto no había ninguna causa estructural sobre la cual reflexionar ni nada que negociar con nadie. Él ha insistido siempre en que Colombia lo que ha sufrido es una amenaza terrorista y que la única manera de enfrentar esa amenaza es por la vía armada. Hasta el último día seguía insistiendo en que el proceso de paz significaba «entregarle el país a los terroristas«.

Es precisamente esta lógica guerrerista que ha ganado en el plebicito.

En la euforia de la campaña por el sí me parece que no se tomó suficientemente en serio el poder del miedo, la desconfianza y la rabia y la manipulación de estos sentimientos por parte de Uribe y sus aliados. No se valoró lo suficientemente la necesidad de sanar las heridas, reconstruir la confianza entre la gente y recuperar la esperanza en el futuro. Esos son procesos que necesitan tiempo.

«Ni un hombre ni una multitud ni una nación se puede confiar para actuar con humanidad o para pensar con cordura bajo la influencia de un gran temor», dijo Bertrand Russell.

Qué tipo de relaciones sociales y qué nivel de conciencia social se puede esperar de seres humanos que han convivido con el miedo y la lógica de la guerra toda la vida? Estudios de sociedades permeadas por el miedo muestran que mucha gente vive en constante alerta y en desconfianza, se siente impotente y tiene una reducida capacidad para conmoverse ante el dolor del otro. Esto en parte podría explicar el alto grado de abstención: 62.6 % de los colombianos habilitados para votar dejó de ir a las urnas.

La tarea ahora es aprender de las víctimas y cambiar una cierta memoria vengadora por lo que Gonzalo Sánchez, director del Centro de Memoria Histórica, llama una memoria transformadora:

– La memoria de las víctimas es diversa en sus expresiones, en sus contenidos y en sus usos. (…) Para unos, la respuesta al agravio es una propuesta de sustitución del orden, es decir, la búsqueda de la supresión o transformación de las condiciones que llevaron a que pasara lo que pasó: es una memoria transformadora. Pero hay también memorias sin futuro, que toman la forma extrema de la venganza, la cual a fuerza de repetirse niega su posible superación. La venganza pensada en un escenario de odios colectivos acumulados equivale a un programa negativo: el exterminio de los reales o supuestos agresores. En efecto, la venganza parte de la negación de la controversia y de la posibilidad de coexistir con el adversario. Es la negación radical de la democracia.

En mi modo de ver, fue justamente ese programa negativo que ganó en el plebiscito.

A pesar de todo esto, estoy convencida de que la construcción de paz apenas empieza en Colombia. A fin de cuentas, hubo un 49.78 % que votó a favor de los acuerdos pactados. Después de los avances que han hecho el Gobierno y las FARC en la Habana, ahora llegó la hora de un diálogo de paz a nivel local, regional y nacional entre diferentes sectores de la sociedad civil colombiana. Ahí tienen que jugar un papel fundamental las víctimas de todos los actores del conflicto. Espero que tanto el Gobierno como las FARC tengan la grandeza de mantener el cese al fuego bilateral frente a un panorama así.

En ese diálogo no puede faltar Uribe, quien ha sido declarado el ganador del plebiscito, y quien ha propuesto un Gran pacto nacional. Si bien, él quiere figurar como el benefactor de las víctimas de las FARC, le va a tocar asumir su responsabilidad frente a las víctimas de los falsos positivos, de la infiltración paramilitar del DAS y de la parapolítica que hubo durante su Gobierno.

Llegó la hora de mostrar en la práctica qué significa cuando habla de la impunidad y de su compromiso con la justicia.

 

 

 

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Om Kristina Johansen

Frilansskribent, sosialantropolog og forfatter av boka "Frykten har et ansikt". Periodista independiente y antropóloga social. Autora del libro "Frykten har et ansikt" (El miedo tiene un rostro). Freelance writer and social anthropologist. Author of the book "Frykten har et ansikt" (Fear has a face).
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